Parte 2.
Por razones que descubrí muchísimos años después (gracias a su hermano Paolo, mi bro∂er), el cuadro nunca se materializó, pero el Louvre sigue siendo el Louvre aún sin la pirámide de su entrada, así que mientras esperábamos con paciencia al artista (aún creyendo que nuestra Monna Lisa estaba in progress), empezamos a trabajar en la segunda etapa del proyecto.
The equipment
Marco y yo éramos zurdos (somos zurdos), pero mientras él tocaba como Jimi Hendrix y Kurt Cobain (con la guitarra al revés), yo era, como me decía mi primo, un "zurdo bruto", porque tocaba con una guitarra standard, al igual que el también zurdo Noel Gallagher.
Así que Marco tuvo la brillante idea de mandarse a hacer una guitarra para zurdos, en la entonces meca de los músicos aficionados como nosotros, la Casa Cobos, en un antiguo segundo piso, en pleno centro de Chiclayo.
Yo no tenía para comprarme una eléctrica, o tal vez sí, pero en mi casa nunca me ofrecieron comprarme una, así que la salvación estaba en una antigua guitarra del hermano de Marco. En la misma Casa Cobos, por 15 soles le cambiaron las pastillas y otros 10 costaron las cuerdas (o al revés), así que después de gastar mis magros ahorros adolescentes, éramos ya un dúo de guitarras eléctricas, como cualquier grupo de rock que se respete. Éramos Mark & Mike, o Mike & Mark, como prefieran.
El cuarto de Mark, como imaginarán, contaba con un mini-componente de música (con una entrada de línea), y en la sala de la casa de Marco había otro, también con una entrada, así que ni cortos ni perezosos, con o sin autorización, dotamos al cuarto de Mark con dos equipos de música con sendas entradas, a manera de amplificadores de guitarra, a la criolla. Ya estaba casi todo completo, pero faltaba la cereza de la torta: Marco había conseguido, de segunda mano, un overdrive.
Cuando empezamos a tocar, Marco tenía una guitarra acústica de cuerdas de metal y yo tenía una de cuerdas de nylon, heredada de mi mamá. La mía tenía tantos golpes y quiñes (muchos por culpa mía) que había desarrollado en su sonido una distorsión natural que a mí me encantaba porque iba acorde con la música que hacíamos. Pero ya que nos íbamos a electrificar, no podíamos pretender tocar con las guitarras limpias, no señor.
Fue así que una noche, en un pasaje que atravezaba la calle Belaúnde, urbanización Remigio Silva, en un tercer piso de una casa verde, en Chiclayo City, la versión peruana de Macondo, dos guitarras se enchufaban a sus respectivos equipos, una de ellas conectada a un overdrive, el pie de Marco pisa el ovedrive, sus manos tocan, en la menor, la introducción de Don't Go Away de Oasis, una melodía simple, sol-la-do-re, y nuestras bocas forman una "O" abierta, nuestros ojos también, las cejas suben, los párpados descubren unas miradas que se iluminan, las bocas dibujan ahora unas sonrisas y pronunciamos luego, al unísono: ¡Igualito!
Por razones que descubrí muchísimos años después (gracias a su hermano Paolo, mi bro∂er), el cuadro nunca se materializó, pero el Louvre sigue siendo el Louvre aún sin la pirámide de su entrada, así que mientras esperábamos con paciencia al artista (aún creyendo que nuestra Monna Lisa estaba in progress), empezamos a trabajar en la segunda etapa del proyecto.The equipment
Marco y yo éramos zurdos (somos zurdos), pero mientras él tocaba como Jimi Hendrix y Kurt Cobain (con la guitarra al revés), yo era, como me decía mi primo, un "zurdo bruto", porque tocaba con una guitarra standard, al igual que el también zurdo Noel Gallagher.
Así que Marco tuvo la brillante idea de mandarse a hacer una guitarra para zurdos, en la entonces meca de los músicos aficionados como nosotros, la Casa Cobos, en un antiguo segundo piso, en pleno centro de Chiclayo.
Yo no tenía para comprarme una eléctrica, o tal vez sí, pero en mi casa nunca me ofrecieron comprarme una, así que la salvación estaba en una antigua guitarra del hermano de Marco. En la misma Casa Cobos, por 15 soles le cambiaron las pastillas y otros 10 costaron las cuerdas (o al revés), así que después de gastar mis magros ahorros adolescentes, éramos ya un dúo de guitarras eléctricas, como cualquier grupo de rock que se respete. Éramos Mark & Mike, o Mike & Mark, como prefieran.El cuarto de Mark, como imaginarán, contaba con un mini-componente de música (con una entrada de línea), y en la sala de la casa de Marco había otro, también con una entrada, así que ni cortos ni perezosos, con o sin autorización, dotamos al cuarto de Mark con dos equipos de música con sendas entradas, a manera de amplificadores de guitarra, a la criolla. Ya estaba casi todo completo, pero faltaba la cereza de la torta: Marco había conseguido, de segunda mano, un overdrive.
Cuando empezamos a tocar, Marco tenía una guitarra acústica de cuerdas de metal y yo tenía una de cuerdas de nylon, heredada de mi mamá. La mía tenía tantos golpes y quiñes (muchos por culpa mía) que había desarrollado en su sonido una distorsión natural que a mí me encantaba porque iba acorde con la música que hacíamos. Pero ya que nos íbamos a electrificar, no podíamos pretender tocar con las guitarras limpias, no señor.
Continuará...



















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