Aug 27, 2010

The Gathering en Madrid (parte 0)

¿Qué extraña alineación de planetas conjura para que una canción, un disco, una banda, un texto, una frase llegue a tus sentidos en el momento adecuado, justo cuando estás dispuesto a ver, tocar, analizar, escuchar, digerir?

Probablemente la misma que te impide conseguir trabajo por un prolongado periodo ochomesiano. Pero carecer de trabajo puede tener sus ventajas, como tener todo el tiempo del universo disponible para deleite de tus intereses, tus pasatiempos, tus vicios, o lo que seguro algún aburrido y monolingüe jefe oficinista llamaría "tu vagancia".

Y era así que en mi vagancia desempleada de un probable 2006, leía, veía y escuchaba -con una sed de sed vallejiana y viciosa- revistas, películas y discos enteros de bandas antiguas, nuevas, conocidas y no tan conocidas. Una de mis fuentes favoritas en ese entonces era Rockaxis, del gran Alfredo Lewin, y en alguna de esas extrañas alineaciones de cuerpos sólidos celestes es que encuentro en la portada una reseña de una tal banda "The Gathering" que acababa de lanzar un disco llamado "Home", cuya belleza de carátula me sedujo. Habrá que leer la reseña, ¿no?

Era una banda con un recorrido tan vasto que me extrañaba no haber oído ni su nombre durante todos estos años. La lectura de la reseña se mezclaba con mi propia investigación internauta. La banda había estado de gira por Sudamérica, había tocado en festivales importantes en Europa y ahora sacaba un disco lleno de "honestidad musical". La reseña me gustó. Habrá que conseguir el disco, ¿no?

El disco me mostraba un horizonte de sonidos que había estado buscando. Era el paso que quería dar en mi melomanía. Un hueco en mi sed que había que rellenar gota a gota. Escuché muchos otros discos de la banda. ¿Cómo se podía pasar de hacer 'gotic' metal a música ambiental, profunda, etérea? Quizás sea ese otro de los secretos del univeso. The Gathering poseía una particularidad en su música muy difícil de encontrar en esos tiempos.

Ya era el año 2007 y The Gathering iba a tocar en Santiago de Chile. Era un viaje que ya había hecho para ver a Pearl Jam en su primera -y hasta ahora única- gira sudamericana. Eran dos días de viaje: 18 horas de Lima a Tacna, una hora o más para cruzar la frontera, y luego unas 30 horas desde Arica hasta Santiago. La recuperación de la línea divisoria de las nalgas probablemente tome el triple de tiempo. No pain, no gain. Se iba a filmar todo el concierto para lanzar luego un DVD. Habrá que ir, ¿no?


Continuará...


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