Parte 1.Uno es lo que come. Ese es el salmo que cualquier nutricionista que se respete profesará siempre como consigna de vida. Y es que, efectivamente, la buena alimentación se refleja de manera explícita en nuestro preciado cuerpo, algo así como una escultura: uno puede deducir el material del que está hecha al echarle un vistazo.
¿Pero qué pasa si a pesar de tener una buena alimentación, siguiendo la famosa pirámide construída por algún faraón dietista, no funciona bien la máquina, el sistema, o para ponerle un nombre solamente, el Ferrari?
Eso mismo es lo que yo me preguntaba, cual investigador de doctorado cuando, de la nada, escuché el sonido que motivaría después mi extensa balacera de hipótesis y análisis del tipo prueba-error que me llevaron a conocer muchos aspectos del funcionamiento del aparato digestivo que de otra forma no hubiese sabido ni me hubiese interesado nunca saber. Pero volvamos al mencionado kernel, porque sin él nunca habrá un eureka, y pasemos a la descripción onomatopéyica del sonido que escuché aquella vez.
En efecto, para lograr tal cometido, más que una onomatopeya, tendrán que imaginarse con mucha imaginación, valga la rebuznancia, el siguiente escenario: Imagínense un camión, grande, muy grande, digamos un camión cisterna, de unos 6 ejes, si es que existe, y sino imagínense que existe. Ahora pónganle una edad, un camión viejo, un poco oxidado, sin un adecuado mantenimiento, con una que otra fuguita, pero que en su época debió haber sido un potente y apuesto camión cisterna.
Y ahora sitúense en el asiento del conductor, pasa una brisa fresca, ponen un poco de música clásica, suenan las 4 estaciones de Vivaldi, cierran los ojos, disfrutan de la excelente melodía, y como quien lo hace por inercia, giran lentamente la llave para encender el motor.
¿Con cuántos decibeles y qué gemidos gritaría nuestro personaje suplicando que lo exorcicen? Vuelvan a hacer el ejercicio, esta vez con concentración.Algo similar, con una duración aproximada de unos 5 segundos, me hizo sospechar que mi Ferrari no estaba precisamente bien y así empezó mi búsqueda, según yo, del eslabón perdido de la digestión.
Continuará...



















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