Dec 21, 2008

La loca del ático

Fue surrealista, como en una antigua publicidad de una conocida marca de café, "una cosa lleva a la otra", y sorprendidos comentábamos luego cómo una discusión en la que se enfrentaban el azúcar blanca contra el azúcar rubia nos llevó a conocer a la cantante de un grupo independiente de Madrid.

Lo que sigue es el guión de lo que bien podría ser una escena de cualquier película de Woody Allen y es que mientras todos, afectados por la crisis y el sueño, pensaban partir ya para sus respectivas guaridas en lo que hubiese sido una noche más como cualquier otra noche de un sábado por la noche, yo propuse una última ronda para no tener que ir a aburrirme a mi casa tan temprano y así fue cómo partimos rumbo a un bar de jazz que ya habíamos visitado antes, sin siquiera sospechar que estábamos rodando para un avispado director cuyo cine espontáneo y casual siempre ha deleitado a la audiencia.

Y así, deleitando a la audiencia, llegamos al bar y vimos sorprendidos cómo ya no entraba ni una aguja de 8mm para jeringa de insulina, así que fuimos al bar que estaba al frente, donde por lo menos había sitio en la barra.

En realidad, primero íbamos a entrar a este bar antes que al de jazz, pero por algo tuvimos que haber dudado. En fin, ya sentados y disfrutando de una cerveza cada uno, veíamos cada cierto tiempo que la barra se llenaba de vasos largos con hierba buena, unos 8 por vez, en los que apreciábamos cómo se preparaba, en vivo y en directo, un Mojito. Bueno, varios Mojitos. A la vez.

Y como "una cosa lleva a la otra", vino a mi mente una escena de una fiesta en la que estuvimos en donde habíamos preparado un Mojito gigante en una batea, suficiente para servir unos 30 vasos, aunque decir "habíamos preparado" es bastante pretencioso, pues yo estuve de mero expectador. El hecho es que el guión me indicaba hacer el comentario del millón a mi acostumbrado compañero de copas: "Es raro, ¿no?, aquí hacen el Mojito con azúcar blanca cuando es con azúcar rubia, porque ésta es más dulce...".

Suficiente, lo que continuó fue un pequeño intercambio de frases hasta que la réferi nos sacó la tarjeta amarilla: "You are completely wrong". Y en una excelente demostración del más fino Spanglish empezamos a conocer la historia del Mojito, del bar en el que estábamos, y por supuesto, de la loca del ático, una cantante independiente con la que compartíamos el gusto por Russian Red y que nos sorprendió, en pleno apogeo de la conversación, con un Mojito con tres cañitas. Sí, nos estaba invitando uno para los tres, así que ahí estábamos, Rosye, yo y Flynn, en ese orden, degustando un verdadero Mojito, como en Cuba, trago por el cual era famoso el sitio en el que, sin saberlo, estábamos sentados.

Ya eran casi las 3am y el bar estaba por cerrar, así que nos tomamos otras dos rondas (ahora sí, últimas ultimitas) de cerveza y nos embarcamos hacia nuestros refugios, yo con la sensación de haber sido un gran extra en un buen reparto, con algunas fotos muy graciosas en mi cámara y con un papel en donde estaba escrita una dirección de Internet, el MySpace de La loca del ático, el cual les recomiendo visitar, para deleite propio, y para que sean también parte de esta historia que aún tiene mucho por contar. It's up to you.


"Soy alérgica a la barba" fueron las últimas palabras de Teresa al despedirnos con los acostumbrados 2 besos que se dan aquí en Madrid y yo me percaté que llevaba más de una semana sin afeitarme. ¿No es más que acertado el nombre del grupo? Yo sólo me imagino que ese ático debe estar lleno de Mojitos, hechos con azúcar rubia, por supuesto.


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