Jul 12, 2012

Desconfío


Desconfío de los que visten de traje y corbata, incluso si los conozco. Desconfío de los que usan gemelos y de los que tienen sus iniciales bordadas en su camisa. Desconfío de los que no leen, de los que sólo ven películas en el cine y con un mero interés recreativo, de los que no ven documentales, de los que se quedan en la composición y no ven los colores en una pintura, de los que no saben nada de música ni pretenden aprender.

Desconfío de los que sólo viajan en avión y sólo se hospedan en hoteles, de los que no tienen ningún interés en aprender un idioma que no sea inglés o el suyo materno. Desconfío de los que no usan el transporte público, de los que no reciclan, de los que contratan a alguien para que les planche sus camisas, de los que son incapaces de cocinarse aunque sea una vez a la semana, de los que no danzan aunque sea solos en su cuarto.

Desconfío de los que cuando te hablan no te miran a los ojos, de los que hablan de sí mismos en tercera persona, de los que nunca han llorado con una canción instrumental, de los que no sienten rabia contra la injusticia. Desconfío de los que sólo van al museo cuando están de viaje, de los que nunca han escuchado un disco entero de principio a fin.

Desconfío de los que no son rebeldes, de los que no critican, de los que no piensan por sí mismos, de los que no cuestionan las reglas ni los códigos de vestimenta, de las que se maquillan y de los que se peinan y afeitan religiosamente todos los días porque creen que es necesario.

Desconfío de los que creen que vestirse bien es usar ropa cara, de los que ven los tatuajes, body piercings o dreadlocks como un símbolo de rebeldía en lugar de apreciar su valor artístico y estético. Desconfío de los que tienen como metas en la vida objetos materiales como un auto o una casa, o cuyas metas se reducen estrictamente al ascenso profesional en una empresa.

Desconfío, en fin, de los que mediocremente mantienen una vida que no les gusta y no hacen nada para intentar cambiarla, de los que son incapaces de salir de su zona de comfort, de los que no estarían dispuestos a dejarlo todo, a arriesgarse, a jugarse el pellejo por ser felices.

Desconfío, así, de los que son incapaces de apreciar la belleza en los tonos verdes y amarillos del tronco descascarado de un plátano de sombra, sobreviviendo tan plantado en cada calle europea; de los que no son capaces de pararse a escuchar el sonido de su follaje y, bajo su sombra, sentarse a descansar.



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