Jan 21, 2008

another sunny day

¿Puede una canción arreglarte el día? ¿La noche? No importaba cuánto lo intentasen, pero no había forma de cambiarme la cara. Quedarme dormido en el metro, en el trabajo, en las reuniones o en cualquier lugar en donde me sentara eran síntomas claros del desgaste, y es que más de un mes durmiendo menos de 5 horas diarias era demasiado y el uso y abuso de Red Bulls y Coca-Colas me había vuelto inmune a ellos. Mi cuerpo ya me estaba pasando la factura y me pedía que, por favor, aunque sea un solo fin de semana, le diera tregua. Y no aceptaba tarjetas de crédito.

Así me cogió el último fin de semana, sin energía y sin planes, y con la tristeza de haberme perdido el concierto de los Babyshambles por andar buscando alojamiento, aunque con muchas ganas de salir. Así que como ninguno quería ceder, la tregua quedó pactada en un viernes más de juerga y un sábado de descanso.

Las caminatas, los viajes en el metro e incluso algunas horas en el trabajo. Con música siempre es mejor si se encuentra la adecuada, y en una metrópolis, con calles de cemento, las guitarras tienen que estar distorsionadas. Ese es el soundtrack del asfalto.

Cuando uno está acostumbrado a mirar siempre acompañado de una banda sonora, olvidarse los audífonos puede inducir a la locura, sobre todo cuando la cabeza ya no es capaz de reproducir esas interminables canciones de media hora que originalmente eran de 5 minutos y suelta la alarma de batería baja, recargue inmediatamente, por favor. No, esta vez no habrá taurina que nos salve. Un pacto es un pacto.

Así que ya en la cima del sábado, entre cabeceada y cabeceada, en esa delgada línea que divide el sueño de la lucidez, mis oídos percibieron una de esas malas costumbres tan comunes de la generación ipod, una malcriadez que agradecí, la de escuchar música con el volumen tan alto, que los audífonos se convierten en amplificadores de 100 watts.

Sonaba Up the Bracket, de The Libertines, aquel grupo que nos dio a conocer a Pete Doherty, ahora líder de los Babyshambles. Sin saberlo, el tipo sentado a mi costado me había salvado el día, o la noche, para ser más exactos.

Esa noche dormí, sin interrupciones, mis 8 horas reglamentarias. Y gracias a eso, pude hacer algo que no hacía hace mucho tiempo: Salir a caminar, completamente sobrio y descansado, un domingo por la mañana. Y escuchando a The Libertines, por supuesto.


2 comments:

Marcela Mendoza R. said...

lindas las fotos. pero se ve dura la experiencia. pero vale la pena el esfuerzo! y bueno, en efecto, una cancion puede hacer muchooooo

miguelángĕlus said...

Así es, Marcela. Una sola y simple canción puede cambiar muchas cosas...

Saludos.