
El descubrimiento
Era una húmeda noche limeña en la que una versión universitaria de mí estaba echada en la cama intentando estudiar algún curso que me convertiría años después en Ingeniero Electrónico, en un probable 2003*. Sonaba el programa de DJ Relax en la única radio limeña que importa -Doble 9- y el programa, como de costumbre, se estaba excediendo un poco con versiones electrónicas y yo ya me estaba aburriendo de escucharlas y de intentar estudiar, cuando de pronto sonó un extraordinario riff de guitarra que me puso de pie para escuchar semejante revelación: Stockholm Syndrome.
El programa se llamaba P.O.R.N.O.C. (un Poco de Rock NO Comercial) y eso era lo único que la sopa de neuronas revueltas que era mi cerebro podía aspirar a saber en ese momento. El nombre de la canción y del grupo fue una duda que se instaló en mi cabeza como ladilla, desde el momento en que el riff desciende su tempo para finalizar fuerte, agresiva, rotunda y orgullosamente. "Y esto, ¿qué es?" gritaban mis jóvenes neuronas, sedientas como siempre.
Nunca pensé que llegaría a conocer a la banda, menos que la iba a ver en vivo. Relax solía pasar música que no la encontrabas en ninguna parte y en cada programa presentaba, por lo menos, unas 10 bandas nuevas. Había sido un orgasmo y había que asimilarlo como tal.
Pasaría por lo menos un año, quizás un poco más, hasta que escuchara Hysteria en la misma radio, en una tarde en la que hacía tiempo con un amigo con el que acostumbraba tocar de vez en cuando, y entonces el círculo se cerró. Sabía que la banda se llamaba Muse, la canción Hysteria, y luego de un arduo trabajo de investigación en los laboratorios de la universidad, y de varias descargas de canciones que no eran, llegó a mí Stockholm Syndrome, como el hijo pródigo, y yo no hice más que suspirar de satisfacción. ¡Ah!...
La conquista
Si me preguntaban en ese momento en qué país me gustaría vivir, hubiese respondido desde Holanda hasta Islandia. Desde Suecia hasta Australia. Pero nunca me hubiese imaginado que iba a estar viviendo, 6 años después, en España. La llegada de España a mi vida fue como la de Muse: sorpresiva e inesperada.
Sorpresa, tristeza, impotencia y finalmente asimilación fue lo que expresó cada músculo de mi cara cuando se agotaron las entradas para Muse en Madrid. Habíamos intentado comprarlas online, pero así como lo peor de no poder ver a Muse era haber estado a un milímetro de arañar las entradas, lo peor que le pudo pasar a Tick Tack Ticket fue convertirse en Ticket Master (ahora entiendo a Pearl Jam).
Cuando ya asimilas una pérdida, la rutina se instala de nuevo con la misma comodidad y concha de siempre y la sonrisa de aquí-no-pasó-nada y o-bla-di, o-bla-da, life goes on, bra.
Pero mi historia con Muse siempre se ha tratado de hechos sorpresivos e inesperados: una tarjeta de crédito que nunca cargo estaba deslumbrante descansando en mi billetera, una red inalámbrica que raras veces capto en la laptop de la oficina estaba ese día deslumbrante emitiendo su señal, y mi compañero habitual de conciertos me llama (sí, deslumbrante) para decirme que habían vuelto a salir a la venta algunas entradas.
Media hora después de comprar las entradas, me llega un mensaje a mi celular. Era mi amigo: "¡ya no hay entradas!".
Continuará...
Era una húmeda noche limeña en la que una versión universitaria de mí estaba echada en la cama intentando estudiar algún curso que me convertiría años después en Ingeniero Electrónico, en un probable 2003*. Sonaba el programa de DJ Relax en la única radio limeña que importa -Doble 9- y el programa, como de costumbre, se estaba excediendo un poco con versiones electrónicas y yo ya me estaba aburriendo de escucharlas y de intentar estudiar, cuando de pronto sonó un extraordinario riff de guitarra que me puso de pie para escuchar semejante revelación: Stockholm Syndrome.
El programa se llamaba P.O.R.N.O.C. (un Poco de Rock NO Comercial) y eso era lo único que la sopa de neuronas revueltas que era mi cerebro podía aspirar a saber en ese momento. El nombre de la canción y del grupo fue una duda que se instaló en mi cabeza como ladilla, desde el momento en que el riff desciende su tempo para finalizar fuerte, agresiva, rotunda y orgullosamente. "Y esto, ¿qué es?" gritaban mis jóvenes neuronas, sedientas como siempre.
Nunca pensé que llegaría a conocer a la banda, menos que la iba a ver en vivo. Relax solía pasar música que no la encontrabas en ninguna parte y en cada programa presentaba, por lo menos, unas 10 bandas nuevas. Había sido un orgasmo y había que asimilarlo como tal.
La conquista
Si me preguntaban en ese momento en qué país me gustaría vivir, hubiese respondido desde Holanda hasta Islandia. Desde Suecia hasta Australia. Pero nunca me hubiese imaginado que iba a estar viviendo, 6 años después, en España. La llegada de España a mi vida fue como la de Muse: sorpresiva e inesperada.
Sorpresa, tristeza, impotencia y finalmente asimilación fue lo que expresó cada músculo de mi cara cuando se agotaron las entradas para Muse en Madrid. Habíamos intentado comprarlas online, pero así como lo peor de no poder ver a Muse era haber estado a un milímetro de arañar las entradas, lo peor que le pudo pasar a Tick Tack Ticket fue convertirse en Ticket Master (ahora entiendo a Pearl Jam).
Cuando ya asimilas una pérdida, la rutina se instala de nuevo con la misma comodidad y concha de siempre y la sonrisa de aquí-no-pasó-nada y o-bla-di, o-bla-da, life goes on, bra.
Media hora después de comprar las entradas, me llega un mensaje a mi celular. Era mi amigo: "¡ya no hay entradas!".
Continuará...
*: Era también un probable 2002, dado que DJ Relax nos tenía acostumbrados a estrenar música incluso antes de que salga a la venta.



















1 comment:
Hola;
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Éxitos con tu blog.
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Juan
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